Después de 8 años y medio, 366 partidos y una vida entera de atajadas imposibles, Franco Armani se prepara para cerrar su ciclo en River Plate.
Llegó en 2018 con guantes nuevos y se fue metiendo en el corazón de millones. Fue el arquero de la Libertadores en Madrid, el de los penales atajados con el alma, el que gritaba y abrazaba cada título como si fuera el primero.
Con su seguridad bajo los tres palos, Armani no solo defendió el arco. Defendió una forma de ser: laburadora, humilde y con la mirada siempre al frente. Se convirtió en referente, en capitán, en ese ídolo que no necesitó hacer ruido para que todos lo quieran.
Ahora suenan nuevos rumbos. Atlético Nacional lo espera. Pero lo que deja aquí es gigante: una era marcada por copas, por respeto y por esa imagen eterna de él levantando trofeos con la banda roja.
Se va un arquero. Se queda una leyenda.
Gracias, Franco, por cuidarnos el arco y también el orgullo de ser de River.
MM