A los 62 años se fue Ramiro Agulla. El riogalleguense que transformó para siempre la forma de comunicar en Argentina.
No vendía productos. Vendía emociones.
Fue el artífice de campañas que quedaron grabadas a fuego, como la inolvidable “La llama que llama”. Fue también la mente estratégica detrás de piezas políticas que marcaron época.
Su magia estaba en eso: poner el corazón antes que el mensaje. Con un enfoque disruptivo y humano, Agulla nos enseñó que una buena idea no informa, te toca por dentro. Por eso marcó un antes y un después en la publicidad nacional.
De Río Gallegos al país entero, llevó su talento sin perder esa mirada distinta, libre, sin miedo a romper moldes.
Hoy la creatividad argentina está un poco más en silencio.
Pero cada aviso que nos hizo reír, pensar o emocionarnos va a seguir hablando por él.
MM