Crece el pedido de pacientes y familiares que rechazan transfusiones y exigen recibir sangre de donantes que no hayan sido vacunados contra COVID-19. La mayoría de los casos documentados corresponden a niños y adolescentes.
La negativa a aceptar sangre de donantes vacunados ya provocó demoras en tratamientos: hubo pacientes que entraron en shock por baja hemoglobina, desarrollaron anemia severa y debieron postergar cirugías. Los especialistas advierten que los retrasos pueden causar insuficiencia orgánica, ACV, daño neurológico en niños e incluso la muerte.
Los bancos de sangre no separan las unidades por estado de vacunación. Los organismos sanitarios sostienen que no hay evidencia de transmisión de SARS-CoV-2 por transfusión y consideran innecesario el pedido. Además, alertan que usar “donantes dirigidos” aumenta el riesgo, porque suelen ser de primera vez y tienen más probabilidad de portar enfermedades vs. donantes regulares.
En Argentina, el INCUCAI y el Ministerio de Salud no distinguen la sangre según vacunación COVID-19. El único requisito es esperar entre 7 y 28 días después de aplicarse la vacuna para poder donar.
El miedo es entendible cuando se trata de la salud de un hijo o de uno mismo. Pero en situaciones críticas, cada minuto cuenta. La sangre salva vidas todos los días gracias a un sistema que prioriza seguridad, compatibilidad y disponibilidad inmediata. Cuestionar ese sistema sin evidencia puede cerrar la única puerta que a veces queda abierta. La confianza en la medicina no elimina la duda, pero sí permite actuar cuando no hay tiempo para elegir.
MM
