Un día como hoy el país aprendió a llorar de felicidad
25 de junio de 1978. El cielo de Buenos Aires estaba tan celeste como la camiseta. El Monumental no era un estadio, era un pecho gigante latiendo al mismo ritmo. 70 mil almas adentro y 30 millones afuera, pegados a la radio, al mate frío, con el corazón en la boca. Argentina vs Países Bajos. La final. La primera. Pasaron los minutos y el miedo pesaba más que la pelota hasta que apareció Kempes. Minuto 38: gol. El grito se escapó antes de tiempo. Pero el fútbol duele y empataron. Alargue. Piernas que ya eran promesas. Y otra vez él, el Matador. Otra vez la red abrazando a toda una nación. 2-1. Después Bertoni con una corrida eterna: 3-1. Silbato final. El mundo se detuvo. Banderas lloviendo, lágrimas sin preguntar de qué cuadro eras. Abuelos abrazando nietos, desconocidos besándose en la calle. Fillol levantando la copa y Kempes entendiendo que ya no era solo un jugador: era el tipo que nos regaló la primera estrella. Un día como hoy Argentina entendió que se podía. Que 11 tipos con la celeste y blanca podían hacer que un país entero se abrace y grite “¡somos campeones del mundo!” por primera vez. Esa noche nadie durmió. Esa noche todos fuimos campeones.
Hoy, 48 años después, ese grito sigue vivo.
Mm