Hablar con Rodolfo Mastrangelo es escuchar a un hombre que hizo de la pintura su forma de vida. No habla desde los manuales académicos: habla desde la Patagonia profunda, desde la Línea Sur, desde una sensibilidad que nació cuando tenía apenas ocho años y descubrió que el mundo podía expresarse a través del color.
“Esencialmente soy un artista que se fue haciendo desde muy pequeño”, resume con serenidad.
Su historia está ligada a Río Negro. A los 20 días de vida ya estaba en plena Línea Sur. Vivió en Comallo, Bariloche, Neuquén y distintos lugares acompañando a sus padres. Hace alrededor de 40 años recaló en Viedma, ciudad donde terminó de consolidar una trayectoria que hoy tiene obras distribuidas en distintos puntos del país y también en Europa.
Expuso en Buenos Aires, Córdoba, Ushuaia, Bariloche, San Martín de los Andes, Villa Regina, General Godoy, San Antonio Oeste, El Cóndor, Villalonga, Catriel, Luis Beltrán, Viedma y Bahía Blanca. Su muestra “Pinturas Patagónicas I” lleva el viento, las bardas y el silencio del sur a cada sala.
Cada cuadro suyo guarda un pedazo de estepa, de cielo infinito, de pueblos que resisten. Mastrangelo no pintó la Patagonia: la tradujo. Y en cada trazo nos recuerda que hay belleza donde muchos solo ven desierto. Que un chico de la Línea Sur puede, con un pincel, hacer que el mundo entero mire al sur y se emocione.
MM
