En estos casos, lastimarse aparece como una forma de regular emociones que no saben gestionar. Y aunque el objetivo no es morir, especialistas consultados por Infobae coinciden en que se trata de una señal de sufrimiento emocional que requiere atención
Un fenómeno que inquieta a la comunidad médica y a las familias se expande entre los jóvenes: el aumento de autolesiones en adolescentes motiva la preocupación de especialistas y evidencia un sufrimiento emocional que se expresa en el cuerpo.
Cortes, rasguños y golpes contra objetos surgen como formas de lidiar con emociones intensas, en un contexto donde los recursos para gestionarlas o ponerlas en palabras resultan insuficientes.
Las señales de sufrimiento emocional invisibilizadas volvieron a la conversación pública esta semana tras el caso del ataque en una escuela de Santa Fe, donde un estudiante entró con una escopeta y mató a un compañero de 13 años. Los abogados defensores del acusado contaron que el chico de 15 años atravesaba un tratamiento psicológico y había presentado episodios de autolesiones meses antes del hecho, sin antecedentes de agresividad hacia terceros.
¿Qué son las autolesiones y por qué aumentan entre los adolescentes?
Las autolesiones comprenden lesiones autoinfligidas como cortes, quemaduras o golpes, que no buscan provocar la muerte sino aliviar un dolor emocional.
La pregunta común entre los padre es qué lleva a sus hijos a recurrir a estas prácticas.
La respuesta, según comenzó a explicar ante la consulta de Infobae el médico psiquiatra infanto juvenil y subjefe del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires, Andrés Luccisano (MN 122.284) radica en que “el dolor físico funciona como una forma de expresar o sacar hacia afuera un dolor emocional que resulta difícil de poner en palabras”.
El especialista observó que la cultura de la inmediatez y la búsqueda de gratificaciones rápidas dificultan la tolerancia a la espera y la frustración: “Se observa un marcado desbalance entre el placer inmediato y la capacidad de tramitar la angustia, entendida como experiencia de vacío, falta o incertidumbre”. Este desequilibrio, según señaló, expone a los adolescentes a descargas impulsivas del malestar.
En la misma línea, la médica psiquiatra infanto juvenil y directora del Departamento Infanto Juvenil Ineco Andrea Abadi (MN 76.165) remarcó que la autolesión no es un acto aislado, sino la manifestación de un cerebro desbordado por emociones difíciles de manejar. “Cuando los sistemas encargados de regular las emociones no logran cumplir su función de control, el adolescente puede recurrir a conductas como la autolesión como una forma de aliviar el malestar”, indicó la especialista.
En la mirada de la psiquiatra infantojuvenil Pía Lobo (MN 149.009), las autolesiones aparecen “con la intención de descargar el malestar emocional” y que, en algunos casos, funcionan como autocastigo en adolescentes con autoexigencia y autocrítica elevadas.
Desde la perspectiva Abadi, la autolesión es “la expresión de un malestar emocional intenso que no logran regular ni comunicar de otra manera”.
Y tras rechazar la idea de que se trate de un simple llamado de atención, la especialista destacó que, en muchos casos, los adolescentes actúan impulsados por angustia, frustración, tristeza o enojo. Para ella, también influyen los conflictos familiares, el bullying, cambios vitales importantes, experiencias traumáticas, ansiedad, depresión y la sensación de no ser comprendidos.
Lobo agregó en este punto que la autolesión puede ser una forma de “sentir algo” cuando existe desconexión emocional, o de manifestar lo que no se puede decir verbalmente. La influencia social, según la especialista, puede actuar como un factor facilitador si el entorno o los grupos normalizan estas prácticas.
Los especialistas coinciden en que la autolesión cumple una función reguladora porque el dolor físico genera un alivio momentáneo. Abadi explicó: “El dolor físico, paradójicamente, puede producir una sensación momentánea de alivio o control frente a emociones que el adolescente siente como abrumadoras”, fenómeno que se asocia a la liberación de endorfinas.
Entendiendo que, según los especialistas, la mayoría de las veces estas autolesiones no se relacionan con un deseo real de morir, Infobae quiso saber qué emociones subyacentes suelen estar presentes y de qué manera funcionan como un regulador emocional. “En la mayoría de los casos, las autolesiones no tienen una intencionalidad suicida, sino que cumplen una función de regulación emocional -aclaró Luccisano-. La angustia suele ser la emoción más visible, pero al profundizar aparecen también enojo, frustración, culpa, miedo y, con frecuencia, una vivencia persistente de soledad“.
Según el experto, “a nivel fisiológico y psicológico, el dolor físico puede actuar como distractor del dolor psíquico y activar mecanismos de analgesia que generan un alivio momentáneo e incluso una breve sensación de bienestar”.
Para Abadi, el problema es que ese alivio refuerza la conducta. “El cerebro aprende que lastimarse reduce el malestar y, con el tiempo, puede repetir la conducta con mayor frecuencia o intensidad”, señaló.
