ay encuentros que hacen historia. En diciembre de 1953, para la cultura popular de occidente se dio una confluencia que pocas veces se repetiría. Dos figuras del siglo XX se cruzaban en un suceso memorable. Hugh Hefner publicaba el primer número de la revista Playboy. Y en la portada aparecía, espléndida y sonriente, la señorita Marilyn Monroe.
Este miércoles, cuando se cumplen 100 años del nacimiento del empresario que creó la marca del conejito, es un buen momento para recordar cómo su imperio se originó a partir de una primera revista. Y qué recompensa obtuvo -o no- por aparecer en ella la estrella rubia que comenzaba a deslumbrar al mundo.
La idea de Hefner
Nacido el 9 de abril de 1926, en Chicago, Hugh Marston Hefner tenía tan solo 27 años cuando decidió crear una publicación novedosa. Antes había editado el diario de la Universidad en sus tiempos de estudiante de Psicología y luego había trabajado en la revista Esquire. Pero quería hacer algo con su sello.
La decisión se hizo realidad cuando Hefner renunció a la citada revista porque no le quisieron dar el aumento de cinco dólares que había solicitado. A partir de estos detalles nacen los imperios.
El joven editor quería lanzar un material hasta entonces poco visto. La mezcla de chicas sensuales con escasa o nula indumentaria junto a artículos periodísticos de buen nivel. Todo pensado para el disfrute del hombre.
Puso plata hasta su madre
Para realizar su proyecto, dice la leyenda, Hefner puso 600 dólares de su bolsillo. Pero no era suficiente. Entonces, empezó a pedir préstamos a amigos y conocidos. Logró recaudar unos 8000 dólares. Mil de ellos los puso su propia madre, curiosamente, una mujer profundamente religiosa.
En principio, la revista iba a llamarse Stag Party (Fiesta del ciervo, como se llama en Estados Unidos a la despedida de soltero), pero ya había una publicación con el nombre Stag, y el emprendedor no quería tener problemas de derechos. Entonces apareció, por sugerencia de un amigo de Hugh, el nombre que se convertiría en leyenda: Playboy.
Playboy estaba en su etapa fundacional cuando el destino del joven editor se cruzó con la blonda Norma Jean Baker, más conocida como Marilyn Monroe. Sus actuaciones en las películas Niágara y, especialmente, Los caballeros las prefieren rubias, ambas de 1953, habían cautivado al público.
Si bien todavía no era la celebridad en la que se convirtió años más tarde, la Monroe ya daba que hablar. Y era el personaje ideal para aparecer en esa nueva publicación destinada a deleitar al género masculino. Y mucho más, si aparecía desnuda.
“La famosa Marilyn Monroe desnuda”
Hugh Hefner encontró la oportunidad para hacer que su proyecto editorial despegara casi por azar en una casa de almanaques de Chicago, donde descubrió una fotografía de una joven Marilyn completamente desnuda, tendida sobre unas cortinas rojas.
El futuro magnate de las revistas para adultos pagó por esa fotografía la suma de 500 dólares. Mucho menos de lo que recibió la actriz en su momento, en 1948, cuando posó para las fotos.
La fotografía tiene su historia. Es fruto de la necesidad. Se produjo cuando una joven Norma Jean, actriz principiante, necesitada de fama y dinero, decidió retratarse sin ropa. Lo hizo con el fotógrafo Tom Kelley, quien le pagó apenas 50 dólares por la sesión.
Ese dinero exiguo fue todo lo que obtuvo la futura bomba sexual por las imágenes que, como contrapartida irónica, volverían millonario a Hugh Hefner. Es que ese primer número de Playboy fue un éxito total. Es cierto que la imagen de Marilyn desnuda no estaba en la portada. Aparecía la actriz, sí, y en todo su esplendor, pero con un vestido negro.
Lo que provocó el boom de ventas fue la promesa que se leía en esa misma tapa, que era el sueño de miles de personas: “Por primera vez en cualquier revista. A todo color. La famosa Marilyn Monroe desnuda”. En efecto, en el póster central de la flamante publicación estaba aquella imagen de la actriz adquirida a precio de ganga por Hugh Hefner.
Marilyn Monroe, en tanto, superó con creces cualquier molestia que le pudo haber provocado aquella aparición desnuda en la revista. Gracias a sus apariciones en el cine se convirtió en un símbolo de belleza y glamour y en una estrella rutilante de Hollywood, cuyo brillo no se apagó ni siquiera tras su prematura muerte, en 1962, a la edad de 36 años.
Como sea, Hugh Hefner murió el 27 de septiembre de 2017. Desde entonces, sus restos están a pocos metros de los de la mujer que le dio el primer gran empujón a su imperio del entretenimiento para adultos.
Vecinos en la muerte, ambos íconos de la cultura pop del siglo XX cumplirán 100 años este 2026. Marilyn, el 1 de junio. Hugh, este 9 de abril.
Vale preguntarse, si ambos siguieran vivos, si la estrella le cantaría el feliz cumpleaños al millonario o, si por el contrario, le pediría un porcentaje de las ganancias del imperio que ella contribuyó a construir.
