La Suprema Corte Popular de China confirmó en febrero de 2026 que los casos de abuso sexual infantil considerados “extremadamente graves” podrán castigarse con pena de muerte sin posibilidad de reducción de condena, conmutación ni indulto.
La directriz establece que cuando exista crueldad excepcional o consecuencias particularmente graves para las víctimas, los tribunales deberán aplicar la sanción máxima. Además, se eliminó la diferencia entre “prostitución con menores” y violación: cualquier acto sexual con menores de 14 años se equipara a violación punible con pena capital.
La medida llega luego de que la Fiscalía Popular Suprema procesara a cerca de 41 mil personas por delitos sexuales contra menores en los primeros 11 meses de 2024. El sistema judicial chino busca cerrar cualquier vía de alivio legal para estos crímenes, que calificó como de “extrema vileza”.
Cuando una sociedad decide poner el castigo más duro sobre la mesa, también está gritando algo más profundo: que hay heridas que no admiten medias tintas. La verdadera justicia no termina en la sentencia. Empieza cuando protegemos a los más vulnerables antes de que el daño sea irreversible. Que la dureza de la ley nos recuerde la urgencia de cuidar, escuchar y actuar a tiempo.
